viernes, 24 de abril de 2015

Como detectar a un "charlatán espiritual"

La charlatanería es un arte tan nefasto como antiguo. La posibilidad de obtener unos gramos de información y revestirla de sabiduría para luego ofrecerla al mejor postor es una actividad probadamente rentable en términos económicos y de estatus. Y aunque hoy el acceso a información es más rico que jamás, lo cual permite, con un mínimo de esfuerzo y criterio, derribar falsos credos, esto también tiene un doble filo, pues cualquiera puede dedicar unas cuantas horas a investigar sobre algún tema místico y luego jactarse de ser un conocedor. 

Desde hace poco más de 4 décadas, tal vez en consonancia con la “revolución” psicodélica de los 60, comenzó una etapa de neoespiritualidad, en buena medida alrededor del misticismo oriental, que hoy impregna la narrativa pop con conceptos como karma, mandala y sincromisticismo, así como con actividades puntuales, por ejemplo decenas de formatos de meditación o consumo de sustancias psicodélicas, siendo la ayahuasca quizá la más cool del momento.

Pero dejemos a un lado la charlatanería soft, aquella en la que una persona pregona sus supuestos conocimientos místicos o metafísicos para impresionar a lectores, obtener más seguidores en Twitter o simplemente sentir que sabe –en la cual, por cierto, muchos hemos caído, y pasemos a la otra, a la dogmática y que usualmente involucra dinero.

Si revisamos brevemente las rutas de vida y pensamiento que como sociedad hemos elegido en las últimas décadas, y me refiero a preceptos como el consumo, la frivolidad, la competencia o la inmediatez electrónica, entonces resulta comprensible por qué hoy existe tal sed de religarnos con algo más trascendental, que esté exento de la ansiedad que caracteriza las redes sociales, la fatiga crónica que permea buena parte de nuestra existencia o la confusión identitaria tras haber asociado nuestro yo a las pertenencias que acumulamos.

En una dinámica de mercado, lo anterior se llama “demanda”. Es decir, existe una necesidad de proporciones considerables de un “bien o servicio”, en este caso un canal para retomar o ejercer la “espiritualidad”. Y en respuesta a esto surge una oferta materializada en cortinas, gurús, maestros, escuelas, etc. Pero entre los caudales de jactancias y superverdades, ¿cómo discernir entre las puertas reales y las falsas? Supongo que la primera herramienta debiera ser la intuición, ese sentimiento que no se puede verbalizar pero que en algún punto, aunque muchas veces dormido, todos tenemos a nuestra disposición. Y en caso de que esto no sea suficiente, o tu intuición este muy ocupada stalkeando personas en Facebook, entonces hay ciertas pistas que podrían serte útiles:

Dinero / Si el cobro de una sesión, conferencia, taller o “iniciación” es, por lo menos, excesivo, entonces hay buenas posibilidades de que el sendero a la iluminación al cual te estás enrolando sea un fiasco. ¿O en realidad crees que la espiritualidad demanda unas finanzas acomodadas?

Verdades absolutas / Las fórmulas exclusivas hacia lo trascendente (llámese espíritu, iluminación, etc.) difícilmente te llevarán por buen camino. Si bien a la hora de su ejercicio institucional muchas religiones caen en esta misma práctica, lo cierto es que sus orígenes poco tienen que ver con premisas excluyentes. Así que si tu nuevo y flamante credo te dice tener exactamente lo que te falta y necesitas, entonces mejor ponte a jugar videojuegos.

Poderes especiales /
Los superpoderes generalmente son herramientas muy vistosas y que, además de que casi nunca son reales, en todo caso poco tienen que ver con una búsqueda sustanciosa para fortalecer el espíritu.

Retórica confusa o trillada /
Uno de los aspectos más reveladores de los charlatanes es el uso del lenguaje. generalmente es pretencioso, carismático y está diseñado para reconfortarte (después de cuestionar aquellas carencias que por su popularidad es muy probable que compartas).

Contacto directo con el “patrón” /
Si la escuela que se profesa contempla una figura “máxima”, por ejemplo un dios o legendario maestro, y el líder o líderes claman tener contacto directo o canalizar a esta figura de forma exclusiva, entonces…

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