martes, 3 de febrero de 2015

Como librarte de la "barriga cervecera"

La barriga cervecera no solo es culpa de la cerveza. Aprende cómo puedes dejar de ser esférico.

La cerveza es uno de los grandes inventos de la humanidad, y uno de los motivos de que pasáramos de ser cazadores recolectores a agricultores, con todos los problemas que eso ha traído. Uno de ellos es la barriga cervecera.

No tiene que ver con lo que llamamos lorza, flotador o michelín, que es grasa subcutánea, es decir, depósitos de grasa que se encuentran bajo la piel. Este es el mismo tipo de grasa que se acumula principalmente en las caderas y trasero de las mujeres.

Pero si tu tripa tiene la forma de una sandía, cuidado, porque es un tipo de grasa mucho más peligroso: grasa visceral.

La grasa visceral no está bajo la piel, sino que se acumula dentro de la cavidad abdominal, “abrazando” nuestros órganos internos. Por eso hay tripas cerveceras que son duras al tacto: hay poca grasa bajo la piel, pero mucha más por dentro.

¿Por qué se acumula la grasa alrededor de las vísceras? El mecanismo exacto no se conoce pero se sabe que es una combinación de dieta, sexo y genética. Es más probable que aparezca en los hombres que en las mujeres, más probable a medida que te haces mayor, y más probable si hay antecedentes en tu familia de barrigas redondas.

Pero el motivo más importante es la dieta. Primero tienes que entender la razón general por la que tu cuerpo acumula grasa: el exceso de carbohidratos.

El azúcar, pan, pasta, patatas, arroz, refrescos y otros alimentos ricos en azúcares y almidón se transforman rápidamente en glucosa en tu sangre. A no ser que estés corriendo una maratón, la glucosa no se puede quemar suficientemente rápido, y el exceso pasa al hígado. El hígado convierte la glucosa en grasa que se acumula al final en tus depósitos subcutáneos.

¿Qué tiene que ver la cerveza? Esto es lo que hay en una lata de una conocida marca cerveza holandesa:
  • Calorías: 150
  • Carbohidratos: 11,5g
  • De los cuales azúcares: 1,5g
  • Dextrinas: 10g
  • Alcohol: 5% (15g)
La cerveza tiene pues un contenido bajo en carbohidratos, no tiene grasas ni prácticamente proteínas. La cerveza no alimenta. El contenido en minerales y vitaminas es ridículo. La mayor parte de las calorías provienen del alcohol.

Aquí es donde empieza el problema. El alcohol es un tóxico, y es el hígado el encargado de deshacerse de él a lo largo de varias horas desde el momento en que lo tomas.

Pero mientras tu hígado está ocupado procesando el alcohol, tú estás tomando comida alta en carbohidratos y grasa para empapar esas cervezas: aperitivos salados, pizza, patatas fritas. Toda esa comida tiene que pasar de nuevo por el hígado para ser procesada.

Como estás sentado viendo el partido, en lugar de quemando energía jugándolo, el hígado convertirá ese exceso de energía en grasa. Parte de esa grasa no llega a alcanzar los michelines y se queda alrededor del propio hígado, el páncreas, el corazón y los intestinos. Así se acumula la grasa visceral.

Esto quiere decir que si sigues una dieta limpia de pechuga de pollo y verduras, y te tomas una cerveza, no habrá consecuencias graves. Pero una pizza mediana y tres latas de cerveza con los amigos dia sí, día no, te pueden condenar poco a poco a un embarazo masculino.

La grasa visceral no solo es fea, es muy peligrosa. El que tu la circunferencia de tu cintura se pase de los límites es una entrada preferente para la diabetes, arterosclerosis, ataques al corazón y el Alzheimer.

La buena noticia es que la grasa visceral es más fácil de eliminar, al contrario que la grasa subcutánea que es testaruda. Si cambias tu dieta y empiezas a moverte, en unas pocas semanas puedes ver grandes cambios.

Dieta
  • Elimina por completo el azúcar visible (la del café y los caramelos) pero sobre todo menos visible: pasteles, zumos, refrescos.
  • Elimina el pan, la pasta, patatas, arroz y sobre todo los cereales de desayuno.
  • Toma verduras y legumbres como fuente de carbohidratos
  • Aumenta tu ingesta de proteínas: pollo, carne, pescado y marisco
  • Aumenta tu ingesta de grasa (sí, de grasa) en forma de aguacates, aceite de oliva, mantequilla y frutos secos
  • Limita el alcohol a una copa de vino o cerveza al día, o mejor aún, a un par de copas por semana. No bebas licores destilados (ron, whiskey, ginebra, etc.)
Ejercicio
  • Según un estudio reciente, la grasa visceral es más fácil de quemar que la grasa subcutánea mediante el ejercicio cardiovascular. Si cargas con una gran barriga, empieza por caminar, correr o subir escaleras a ritmo constante, todos los días, al menos durante 20 minutos.
  • A medida que desaparezca, podrás empezar a hacer ejercicios de fuerza combinados con el cardio (como la Operación Transformer), que te ayudarán a quemar además la grasa subcutánea y ponerte en la mejor forma de tu vida.

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