jueves, 8 de enero de 2015

¿Para qué sirven las vacaciones?

En estos días, todos hablamos de las “vacaciones”. “¿Estás de vacaciones? ¿todavía estás trabajando? ¿Cuando te vas de vacaciones?” La palabra vacaciones viene del vocablo vacatio, es decir “tiempo de vaciamiento”. Nos llenamos todo el año de ocupaciones, de preocupaciones, de trabajo, de vínculos, de tensiones, de corridas para llegar a tiempo…

Ahora es tiempo de vaciarse, de vaciar lo que está lleno, lo que está completo, “a full” como decimos con glamour. Es un tiempo de no acción, de fluir, de dejar pasar, de hacerse tiempo para perder el tiempo. Viktor Frankl habla del vacío existencial, y podríamos decir que existen dos formas de enfrentar ese vacío: una es escapar de él, por lo tanto de uno mismo. Esto ocurre cuando es vivido como un vacío negativo, amenazador; un vacío que uno quiere llenar con actividades, para no enfrentarnos a lo que debemos hacer, a la voz de nuestra conciencia. Pero existe otra forma de enfrentarnos al vacío: es transformarlo en “vacío fértil”, un hacer sin hacer, un tiempo donde uno aprende a ser sin hacer. Sería un vacío positivo, lleno de silencio, de contemplación, de vivencias. Alimentamos esta segunda forma de enfrentar el vacío invirtiendo en vivencias y no en cosas.

Es un tiempo de no hacer nada, sin obligaciones, es un simple contemplar; tan simple que se dan cursos para esto, porque parece ser algo olvidado por causa de nuestro estrés y por nuestra civilización cargada de “hacer para ser”. Aprender a ser sin hacer; porque si solo somos lo que hacemos, ¡qué pobres somos! ¡Qué pobre existencia aquella que se define exclusivamente por el hacer! Este tiempo de vacaciones, de vacío fértil puede transformarse en un lindo tiempo para regalarnos y regalar a nuestros hijos; el tiempo sin tiempo, para armar un castillo en la arena que se desarmará al irnos de la playa, para aprender a andar en bicicleta, para jugar a las cartas, sin wifi, sin buscar nada en google… Podemos querer escapar del vacío existencial, un vacío que nos hace ruido y genera angustia. O podemos en cambio vivirlo como vacío fértil, como una oportunidad, un silencio acompañado de fluir sano que nos devuelve lo que olvidamos de nosotros mismos y sobretodo nos conecta con nuestra creatividad.

Los japoneses denominan como “Shinrin-Yoku” algo tan sencillo como caminar por la naturaleza usando los cinco sentidos. Podría traducirse como “bosqueterapia”, una actividad que consideran una terapia muy efectiva. A que punto hemos llegado decía Bernard Shaw, que tenemos que explicar (y escuchar) lo obvio.

Los japoneses recomiendan pasear por el campo dos o tres veces por semana. Recordemos que Japón es tristemente famoso por acuñar el término “karoshi”, que es la muerte por exceso de trabajo. De aquí el esfuerzo por realizar tareas y terapias nuevas para evitar el exceso de estrés y recuperar un poco de calma y paz. El “baño de bosque” es dar un paseo usando los cinco sentidos, es decir, prestando atención a los olores, escuchando el viento, tocando y percibiendo las diversas texturas de plantas y viendo el panorama, contemplando y respirando profundamente.

Parece obvio y quizás tonto, pero en este mundo de estrés, de hipertensión, darnos unos minutos para desintoxicarnos de ruidos y tensiones puede ser una forma de “meditación activa” donde nos perdemos en el bosque para encontrar paz interior y calma. A todo esto se suman las investigaciones que demuestran gracias a técnicas de neurobiología, que interactuar con la naturaleza disminuye la actividad del cortex prefrontal, donde residen las funciones cognitivas como planificar y tomar decisiones y se desarrollan otras zonas del cerebro que tienen que ver con las emociones, el placer, la empatía. Vacatio, es entonces vacío fértil: que del vacío nazca la paz que alimenta la creatividad y el silencio que es el vientre que cobija las palabras por nacer.

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