martes, 27 de enero de 2015

Dormir la siesta: requisito del reloj biológico

Pedro no sabía qué hacer. Era poco después del mediodía en Colonia Piamontesa, un poblado de 600 habitantes. El tanque de nafta de su auto marcaba que estaba en la reserva y la estación de servicio del pueblo permanecía cerrada. Si de por sí este rincón al Oeste de Uruguay es tranquilo, a esa hora no volaba ni una mosca. Luego de golpear en algunas casas dio con el encargado del local quien, amablemente, le abrió el puesto de gasolina. Fue entonces que comprobó lo que sospechaba, era el momento del ritual: la siesta.

Aún quedan rincones del país en los que "tirarse un rato" a descansar es parte de la dinámica diaria. Desde la mirada de un capitalino, ni qué hablar desde los países más desarrollados, parece una práctica imposible de realizar y, además, obsoleta. Sin embargo, los médicos insisten en que un sueño ligero a media jornada es fundamental para el buen funcionamiento del organismo y que el reloj biológico del ser humano está programado para efectuar este corte.

"Está demostrado que el cerebro tiene necesidad de sueño dos veces en un día: la fase nocturna y a las ocho horas de despertarse", explica a Domingo el especialista catalán en medicina del sueño Eduard Estivill. Y los datos parecen confirmarlo. El 54% de los pilotos de la NASA mejoraron considerablemente sus niveles de atención luego de una siesta de 26 minutos, según un estudio realizado por la propia agencia espacial. El 40% optimizó, además, su rendimiento.

Eso sí: resulta contraproducente cuando el descanso a media jornada es demasiado largo o es utilizado para reparar la falta de sueño nocturno. "No tiene ningún sentido compensar con siestas cuando en la noche se duerme menos de lo necesario", indica el médico, autor de más de 200 publicaciones científicas sobre el tema.

Entre cinco minutos y media hora es el tiempo que debe durar una siesta, estableciéndose en 20 minutos el número ideal. "Luego se ingresa en una fase profunda de sueño de la que es muy difícil reponerse al despertar", comenta Marisa Pedemonte, catedrática de Fisiología en la Facultad de Medicina del Claeh. Es que al dormir cambia la temperatura corporal, la presión arterial y algunas funciones metabólicas. De ahí que sea "un mito", dice la especialista uruguaya, que "la siesta esté vinculada a la digestión".

Así como sucede en varios rincones del país, dormir la siesta está asociado a un comportamiento cultural. Los latinos, tildados a veces de perezosos, son quienes han levantado con mayor fuerza la bandera de este descanso ligero. "Los romanos fueron los primeros en seguir las indicaciones que les pedía el cerebro", dice Estivill. Inventaron el nombre "siesta" que significa sexta hora, por el momento en que se debía realizar.

En Estados Unidos, por ejemplo, los habitantes duermen en promedio poco más de seis horas al día, lo que los lleva a no cumplir con los requisitos biológicos y recaer en el uso de estimulantes para mantenerse despiertos. Aun así, Estivill señala que viene en aumento el número de empresas que obligan a sus trabajadores a hacer un descanso tras el almuerzo porque "han descubierto que aumenta su rendimiento laboral para el resto de la tarde".

Pero a nivel cultural hay un fenómeno que alarma a los médicos: la vida que llevan los jóvenes. "Lo que hacen ellos —dice Pedemonte en referencia a los horarios de salir a bailar y la costumbre de dormir durante el día— es una masacre a los ritmos circadianos". Es que rotar los horarios y no aprovechar la luz solar afecta las capacidades cognitivas, de razonamiento, el estado de ánimo y la normal adquisición de hormonas que evitan la aceleración del envejecimiento.

Aunque para algunos pueda parecer aburrido, la rutina instalada en lugares como Colonia Piamontesa favorece la calidad de vida. La hora de la siesta se acompaña con el cierre de comercios y en la radio local, cuenta el periodista Edgardo Malan, se pasa música funcional. Todo sea para rendir más y, de paso, dejar pasar las horas de más calor durante el verano.

Estrategias para descansar

Sin protocolos.
A diferencia del sueño nocturno, en que uno realiza rituales previos al descanso (ponerse el pijama, lavarse los dientes, ir a la cama y apagar la luz), en la siesta el sueño debe ser más descontracturado, incluso alcanza con tirarse en un sillón. No hay que darle al cuerpo señales que indiquen que es hora del descanso profundo.

Menos es más.
Estudios científicos demuestran que una siesta no debe superar los 30 minutos, de lo contrario se ingresa en una etapa del sueño de la que cuesta recomponerse al despertar. Conviene tener a mano un despertador.

Dormir bien no conoce de edad
En la casa de un recién nacido reina, por lo general, el silencio. Es que el bebé pasa entre 16 y 18 horas del día durmiendo. Durante el sueño, además de crecer y estabilizar el metabolismo, es cuando fija los nuevos conocimientos, según un estudio de la Universidad Ruhr de Bochum (Alemania) publicado hace una semana. A medida que el niño crece sus horas de descanso van modificándose, lo que no quita que una siesta luego del mediodía es beneficiosa a toda edad. Al respecto, el médico catalán Eduard Estivill, famoso por su libro Duérmete niño, explica que es “mucho mejor mantener un horario de mañana para ir a la escuela”, así luego pueden descansar. Hoy se ven muchos problemas de sueño en los niños, asociados al uso de nuevas tecnologías en la noche, dice Marisa Pedemonte, del Centro de Medicina del Sueño que funciona en Punta del Este. “Un error, ante estos casos, es que los padres prohíben al niño dormir en la tarde pensando que así estarán con más cansancio en la noche”. Como decían las abuelas sabias, insisten los especialistas, “el sueño trae sueño” por lo que cuanto mejor se duerma de día también se hará en la noche. A diferencia de los adultos, a los niños no es necesario despertarlos “porque ellos mismo regulan su cantidad de horas necesarias”, dice Pedemonte. De ahí que los médicos insisten en que es beneficioso que los jardines de infantes destinen parte del tiempo postalmuerzo a que el niño “baje las revoluciones” y que los padres entiendan que eso no significa “pérdida de tiempo”.



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